jueves, 22 de julio de 2010

LOS VENCEDORES SIEMPRE SOBRE-ESCRIBEN NUESTRA HISTORIA

Bien sabido es que la historia la escriben los vencedores. Y eso con frecuencia nos hace olvidar que en la guerra todos somos víctimas. Independientemente del origen del conflicto o de quien lo inició lo cierto es que millones de personas inocentes, ajenas a los intereses de dirigentes y políticos, subvencionan con sus vidas los costes de la guerra.


Soy hija de español y de alemana, por lo que llevo en mi sangre el horror de dos guerras que marcaron a mis abuelos y a mis padres. La educación que he recibido de ellos me ha hecho consciente de la recencia de dichos hechos en mi memoria genética. Mi nacimiento ha sido un cúmulo de buena suerte que ha posibilitado que mis padres tuvieran la oportunidad de llegar a conocerse, por el simple pero significativo hecho de haber sobrevivido a dos guerras.

Puedo sentir la rabia y la desesperación de mi abuela, desplazada de su ciudad natal, Königsberg, Prusia Oriental (actualmente Kalinigrado, Rusia) con una niña de apenas tres años, tras ver cómo ésta quedaba reducida a cenizas tras el bombardeo de las Royal Air Force británicas a finales de agosto de 1944. Millones de personas que perdieron la vida o la de sus seres queridos, pero no sólo eso, sino que perdieron su hogar, su cultura e incluso su identidad.

Me siento prusiana, no alemana. Nunca he conocido ni conoceré la ciudad en la que nació mi madre, porque lo único que queda de ella son los recuerdos en la memoria de los que aún sobreviven. Y es por eso que mi sangre no olvida de donde proviene. Siento la pérdida de un hogar que nunca conocí a través del sufrimiento de mi abuela y mi madre. Y aunque no apoyo la apología nazi en absoluto, no apruebo lo que los aliados hicieron con mi ciudad y con mi gente. Culpo a los que apoyaron el nacionasocialismo alemán por haber iniciado el horror, por haber torturado y asesinado a sus compartiotas (puesto que los judíos eran tan alemanes como cualquier otro alemán), a personas inocentes, por haber causado sufrimiento a todas sus víctimas. Pero también culpo a los Aliados, a los que permitieron que se nos castigara a justos por pecadores, a quienes no fueron mejores que los propios nazis. Lo mismo da que da los mismo, asesinar es asesinar. Mi abuelo murió en el frente de castigo por no apoyar una causa injusta e inhumana, a pesar de ser miliar profesional y un gran patriota (que no nacionalista), pero mi abuela sobrevivió de milagro a los ataques de aquellos que alardeaban venir defendiendo los derechos humanos y la libertad.

¿Por qué siento que debo disculparme por algo de lo que no soy responsable? No los soy yo, ni lo es mi madre, ni mis abuelos. ¿Por qué un inglés no se disculpa por la aniquilación de mi gente, perpetrada por sus padres y/o abuelos únicamente para demostrar su capacidad destructora, cuando la guerra ya estaba decidida? ¿Por qué un ruso no se disculpa por dejar morir de hambre y enfermedad a los pocos que quedaron?

En los libros de historia no cuentan cómo los aliados saquearon, asesinaron y violaron, en los libros lo llaman “liberar”. En los manuales no cuentan cómo los rusos, tras acabar con las “labores de limpieza” que tan amablemente comenzaron los británicos, dieron el golpe de gracia expulsando y deportando a los alemanes que habían quedado. Nos habían arrebatado todo: la vida, la patria, la historia.

Hablo de la gente corriente, de las madres, hijos, hermanos, familias como las de nuestros días, para las que todo futuro se truncó por unos intereses que prevalecieron a expensas de sus protagonistas. Hablo de mujeres embarazadas, de bebés y de niños que perecieron asesinados por un sinsentido que a día de hoy sigue repitiéndose en tantos y tantos lugares del planeta.

Y escribo esto para que no se olvide esa parcela de historia que fluye en las venas de los que descendemos del sufrimiento, de los que también podemos considerarnos supervivientes de la guerra. Porque debemos estar agradecidos por estar aquí y aprender para que nuestros hijos no tengan que llevar el peso de otra guerra a sus espaldas. Porque debemos saber que su futuro puede no llegar a ser nunca si olvidamos que el nuestro se lo debemos al azar.

Yo me siento prusiana, parte de una nación fantasma ligada a mis genes de por vida.

3 comentarios:

Ivi dijo...

tu eres la unica que sabes bien como por esta maldita guerra mucha gente perdio todo lo que tenia y el lugar donde nacieron y se criaron una guerra absurda y cuanta gente murio a costa de ella y me refiero a los dos bandos cuantas no solo judios si no alemanes que fueron obligados a luchar en su contra y perdieron la vida y tu eso lo has vivido muy cerca por suerte tu abuela y tu madre fueron fuertes y vivieron para contarlo,prusiana para siempre un beso.......

M.L. dijo...

Ivi,
Si, hombre, las demas personas no les afectan en nada las guerras, no sufren, ni pasan habres.... Habeis estado en guerra alguna vez????? Se que no por vuestras temprenas edades.

Saludos del ultratumba

MetalGia dijo...

M.L. No sé qué quieres decir con tu comentario, pero desdeluego que es poco enriquecedor...

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